Carta despedida de Siro del Barrio: “Por fin llegó la hora”.

Y llegó la hora……….sé que mucho de vosotros me habéis preguntado que porque no seguí jugando en otro club, que porque no escribí una despedida, que fue todo muy frío (con razón) y que queríais un adiós. La razón era y es que en mi cabeza no existía la retirada hasta que el equipo no volviera a segunda b, donde no debió bajar y donde siempre tuvimos que estar. Aunque ya no perteneciera al club no podía dejar de pensar que no se pudo acabar de realizar el trabajo, mi último trabajo y poder despedirme en paz. Así que me juré que esto no sucedería hasta que no se ascendiera y afortunadamente para mí y para todos nosotros solo hubo que esperar un año para ello.

El domingo viví mi primera experiencia como aficionado y socio gimnástico a 1.400 kilómetros de nuestra casa. Para seros sincero sentía una enorme envidia de poder estar ahí y una nostalgia de saber que nunca más lo podría vivir. No fue fácil ver ese calentamiento y mirarme vestido de calle sin saber muy bien que hacía allí y no estaba más abajo, han sido muchos años y deberé de ir “desintoxicándome “.

Viví el encuentro solo, no puedo seguir el ritmo a los aficionados gimnásticos que están mucho más entrenados que yo, necesito más partidos,  y que viven el fútbol y a su equipo como ninguno. Emocionado me he quedado al ver a niños, jubilados, gente de comercios de Torrelavega, gente con situaciones económicas difíciles y que se pagaron su viaje con mucho esfuerzo para poder vivir en primera persona el ascenso, esa gente se merece un monumento, eso  es lo que realmente tiene valor y los que deben de ser considerados el principal activo del club.

Lo dije hace unos años en una situación mucho más difícil en La Habana Vieja delante de unos pocos, los jugadores, los técnicos, las directivas, todos ellos pasan, pero los aficionados y el club están ahí para siempre, nuca fallan ni desaparecen. Los primeros que he mencionado se equivocan, yo el primero como jugador, los segundos (aficionados e institución) pagan sus errores.

Así que ahora con la Institución en su lugar puedo decir orgulloso que volví a vivir, aunque fuera desde la grada, otro ascenso de mi equipo y la ilusión de una ciudad viviéndolo con pasión.

Han sido trece años junto a todos vosotros, en donde el trato de la afición siempre ha sido excelente y solo tengo palabras de agradecimiento de cómo os habéis portado hacia mí y hacia mi familia y eso no se paga con dinero, ni categorías ni nada que se le parezca. No me arrepiento de haberme quedado ni un solo minuto de las duras temporadas que hemos pasado porque ha merecido la pena cada partido, cada entrenamiento, cada experiencia para poder sentir y vivir lo que ahora tengo en mi corazón y en mi recuerdo.

Agradecer a  la actual plantilla repleta de compañeros y amigos por lograr el ascenso y emocionarme en Mallorca, a los compañeros que fueron llegando y que tuve la suerte de compartir vestuario por recordarme en su recibimiento y hacerme participe del ascenso, porque nunca lo olvidare. Al actual cuerpo técnico y a Pablo Lago  por el cariño que me han demostrado sin conocerme.

A los medios que todos conocemos por el trato recibido y por su vocación hacia la gimnástica y a los que no conocemos por hacerme vivir momentos duros y enseñarme la otra cara del fútbol, de todo se aprende.

A todos los compañeros que han pasado por el club y a todos y cada uno de los entrenadores que he tenido, sin excepción, porque ha sido un viaje largo y, aunque a veces con problemas, me llevo los buenos momentos de vestuario y la suerte que tuve de vivirlo.

Pero si me gustaría nombrar algunos que me han enseñado a nivel futbolístico  y a nivel humano y que parte de la forma de ser y los valores son gracias a ellos como son Chus Herrera, Ezequiel  Loza y Fernando Vidiella. Cuando llegué me acogieron como si fuera uno más y me han sabido transmitir todo lo que ellos sienten por este club y  que no se les ha valorado y agradecido por parte de ningún estamento de la manera que se merecen por su valía, profesionalidad y su honradez dentro de un vestuario de fútbol, tal vez lo más difícil de encontrar en este deporte.

A los dos empleados del club que  me han acompañado en estos trece años, uno en los viajes como el delegado, siempre con su perfecto moreno y otro en casa, porque el sinvergüenza no quiere viajar como el utillero. En público te confieso “uti”  que yo era el que animaba a los chavales a llevarse la ropa a final de temporada.

Y como no a mi familia, a mi padre porque desde los 4 años ha estado viajando conmigo e inculcándome unos valores, a mi madre por aguantarnos a los dos en esos viajes y a mi hermana porque ha visto más fútbol que muchos jugadores profesionales solamente por estar con su hermano.

A mi mujer Merche porque me ha hecho ver lo bonito de este deporte y de la vida y me ha dado las dos personas que me hacen feliz todos los días que son mis hijos, aunque Siro solamente  diga  que ahora juego con los viejos y veteranos. Tengo la suerte de tener la foto más importante y bonita  que jamás tendré, todos juntos, vestido de jugador en el estadio de mi equipo, El Malecón.

Y por último a la afición,  a la que va dirigida esta carta por no darme nunca la espalda, por apoyarme en los momentos más difíciles de mi vida y por enseñar, adoptarme y dejarme formar parte de la mejor familia del fútbol que es la RS Gimnástica de Torrelavega.

Aquí tenéis a un nuevo socio para lo que queráis y necesitéis.

 

 

Jugador, socio y aficionado del pasado, presente y futuro.

 

Siro del Barrio Menéndez.

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