Aquí la emocionante despedida que el C.D.Cayón le brinda a Óscar Briz tras su salida del conjunto de Sarón.

Sacamos un escrito que la cuenta oficial en Facebook del C.D.Cayón, le ha dedicado a Óscar Briz, tras salir de las filas del conjunto de Mantecón, y fichar por la R.S.Gimnástica: 

El mito, por definición, se halla más cerca de los dioses que de los hombres. Nadie en Cayón ha habitado en ese Olimpo futbolístico. Aquí no hemos visto genios, no hemos visto astros, pero nuestra historia nos ha dejado igualmente personas a las que profesar admiración.

Lejos de lo divino, de los focos mediáticos y del glamour, la figura de Óscar Briz emerge en una historia terrenal. Sin haber sido tocado por una varita mágica que lo convirtiera en un virtuoso de la pelota, s…in haber sido bendecido para ser ni un fino estilista ni un acaparador del gol, tuvo que optar por la vía del trabajo para ensalzar sus virtudes y para lograr sus metas. Óscar fue protagonista de un relato escrito durante tres lustros en campos de hierba, arena o barro, de esos que, con poca gloria y menos salario, curten piernas y carácter, de esos que dejan más heridas que brillo.

Un club de fútbol es como un sistema montañoso. A lo largo de su recorrido, aparecen picos, mesetas o valles. El destino, caprichoso e irónico, hizo que en las once campañas que Óscar Briz vistió la camiseta gualdinegra con el primer equipo del Cayón, el Club atravesara por la más profunda de sus depresiones en las últimas décadas para, a continuación, comenzar a escalar y alcanzar su particular cumbre. Óscar es el último eslabón que queda entre aquel Cayón que disputó tres campañas en Regional Preferente en cuatro años y el equipo que se clasificó para cuatro fases de ascenso a Segunda ‘B’ en cinco campañas.

Abriéndose paso por los equipos cadete y juvenil del Club, en 2004 se producía el debut de Óscar con los mayores. En la tercera jornada de aquella liga hizo su primer tanto. Tras once campañas de gualdinegro, el de Vega perforó las redes contrarias en 96 ocasiones en encuentros oficiales. Sarón le vio anotar goles. También le vio fallar muchos. Quizá su capacidad anotadora pasó a un segundo plano para una grada que supo ver a un jugador que no perdonó ninguna galopada ni escatimó ningún esfuerzo mientras estuvo sobre el césped. Trabajo, entrega y carácter eran los ingredientes requeridos para cocinar cada gol. Un tipo perseverante y honesto, en el campo y en la vida.

El Fernando Astobiza fue el campo que vio crecer a Óscar Briz. Allí se hizo mayor de edad. Fue su casa durante la mitad de su vida. Un templo de goles, glorias, emociones y remembranzas. Ahora, sin cambiar su identidad ni sus raíces, Óscar se traslada a otro escenario para hallar nuevos retos.

El capitán se va pero se queda su ejemplo. Decimos adiós al obrero del gol.

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